Es difícil vivir sin dinero y más sin salud, pero es imposible vivir sin soñar. La ilusión es mucho más que algo material, es un rumbo y una finalidad. Es un sentido frente a la angustia. Aún así, hay muchas personas que viven sin ilusionarse. ¿Qué es y por qué está por encima de los acontecimientos?

Ilusionarse alimenta

Todos conocemos a personas en la vida que a pesar  de sus duras circunstancias nos sorprenden con una sonrisa en la boca. Una sonrisa sana y natural que hace que pensemos en el significado de la felicidad. Por otro lado, existen aquellas que aún pareciendo que lo tienen todo (dinero, un buen trabajo, etc) afrontan la vida con disgusto y una sensación de malestar constante que nos hace replantearnos preguntas como: “Si lo tiene todo, ¿Por qué es tan infeliz?”, “¿Por qué se queja cuando todo le va bien?”. Esta serie de interrogantes hacen reflexionar profundamente acerca de los elementos asociados a la felicidad e ilusión y, si realmente ésta tiene una relación proporcional  al valor material.

Ilusión: Percepción de los sentidos

La Ilusión, en términos generales, es una imagen que surge a través de la imaginación o engaño de los sentidos que no comprende una verdadera realidad, lo que es lo mismo, una distorsión de la percepción. En psicología este concepto está vinculado con la esperanza. Es una esperanza que no se basa en fundamentos reales que demuestren la posibilidad de aparición de esa percepción. En sentido simbólico quiere decir que se trata de un “espejismo”.

Es español, la acepción que se da al concepto de la ilusión es diferente del que se da en otras lenguas, existe también un significado positivo en su uso (“lo que más ilusión me hace es estar con mis amigos”); se trata de la utilización del simbolismo asociado a una actividad positiva vinculada con la búsqueda del bienestar presente,  y no solo con la espera futura. Esperar puede desesperar, pero ¿ilusionarse? ¿Por qué tiene que desesperar?

La desesperanza de ilusionarse.

desilusión ¿Qué hacer?

La ilusión enfocada hacia el futuro, hacia un plan organizado en un tiempo determinado puede generar mucha insatisfacción, y con ello desesperanza. No es lo mismo pensar que me hace ilusión algo que tengo y que puedo conseguir en el día  a día (“Lo que más ilusión me hace es cuando veo a mis amigos”), que algo que reivindico que suceda y que está lejos de mí: “Me hace ilusión pensar que voy a terminar mis estudios año a año”.

Es fundamental objetivar este concepto para determinar con qué fin lo utilizamos. Ilusionarse es fabuloso, y que nuestras ilusiones se hagan realidad es otra cosa. Si yo siento que cuando me ilusiono asocio ese sentimiento constantemente a la esperanza de que suceda algo, puedo obligarme a cumplir lo que no puedo determinar en un futuro, o crear objetivos irreales frente a lo que realmente hay o pueda suceder. Ej. “Me ilusiona pensar que un día voy a terminar mis estudios” frente a ”Me ilusiona pensar que voy a terminar mi carrera en 4 años”. Otro ej: “Me ilusiona pensar que puedo ver a mis amigos con frecuencia” frente a “Me ilusiona pensar que voy a ver a mis amigos todos los días”.

¿Qué es lo que pasaría si no consiguiera ver a mis amigos todos los días cuando me ilusiona que sea así?, ¿Qué es lo que sucedería cuando me ilusiono pensando que quiero terminar la carrera en 4 años  y, por otras circunstancias, no voy a poder cumplir con ello?  Por el contrario ¿Qué pasaría si pensara que me ilusiona ver a mis amigos frecuentemente (sin tiempo)? , o con relación al otro ejemplo: ¿Qué pasaría si pensara que me ilusionaría terminar la carrera aunque me lleve más tiempo del que tengo programado?

En definitiva, la ilusión tiene varios conceptos intrínsecos en su significado, la esperanza y el tiempo. Si mis ilusiones las cargo de esperanza me puedo desesperar; si le doy un tiempo determinado me puedo frustrar.  

A partir de ahí ¿Qué quiero hacer con la ilusión desde la realidad de mi presente?

-La ilusión no se come -dijo ella.
-No se come, pero alimenta -replicó el coronel.

Gabriel García Márquez (1927-2014)

 

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