¿Cómo afectan las redes sociales al comportamiento?
Las redes sociales se han integrado de forma profunda en la vida cotidiana de mujeres y hombres de todas las edades. No se trata solo de herramientas de comunicación, sino de entornos psicológicos complejos que influyen en la manera en la que pensamos, sentimos, nos relacionamos y construimos nuestra identidad. En consulta, tanto con pacientes hombres como mujeres, observo con frecuencia cómo el uso de estas plataformas aparece de forma transversal en problemas de autoestima, comparación social, regulación emocional, vínculos afectivos o toma de decisiones. Entonces ¿Cómo afectan las redes sociales al comportamiento?
No tiene una respuesta simple ni única. Desde la psicología científica sabemos que el impacto depende de múltiples variables: la edad, el contexto vital, el tipo de uso, la personalidad previa y el momento emocional en el que se encuentra cada persona. Por eso, en este artículo se va a abordar fenómeno desde una mirada rigurosa, basada en estudios psicológicos, pero también desde la experiencia profesional, donde los efectos dejan de ser abstractos y se vuelven más humanos, concretos y a veces dolorosos.
Este texto está dirigido tanto a mujeres como a hombres, en singular y en plural, porque las dinámicas psicológicas que se describen atraviesan el comportamiento humano en general, aunque puedan expresarse de manera diferente según la historia personal y social de cada quien.
¿Qué son las redes sociales desde la psicología?
Desde una perspectiva psicológica, las redes sociales digitales pueden entenderse como sistemas de interacción social mediada, donde la conducta humana se ve modulada por algoritmos, recompensas intermitentes y exposición constante a estímulos sociales.
A diferencia de la interacción cara a cara, estos entornos introducen variables nuevas:
Retroalimentación cuantificada (likes, comentarios, visualizaciones).
Comparación social constante y amplificada.
Ausencia de límites temporales claros.
Construcción selectiva de la identidad.
Investigadores como Sherry Turkle ya señalaban que estos espacios no son neutros: moldean la forma en la que las personas se relacionan consigo mismas y con los demás. En la práctica clínica, esto se traduce en pacientes —mujeres y hombres— que confunden la validación externa con el valor personal, o que experimentan malestar emocional cuando su presencia digital no obtiene la respuesta esperada.
Bases neuropsicológicas del uso de redes sociales
El sistema de recompensa y la dopamina
Uno de los mecanismos más estudiados sobre cómo afectan las redes sociales al comportamiento humano es su impacto en el sistema de recompensa cerebral. Cada notificación, like o nuevo seguidor actúa como un refuerzo intermitente, un tipo de estímulo especialmente potente desde el punto de vista conductual.
Estudios de Turel, He y Bechara (2014) mostraron que el uso intensivo de redes sociales activa circuitos neuronales similares a los implicados en otras conductas reforzadas, especialmente en el estriado ventral. Esto no significa que todas las personas desarrollen una conducta problemática, pero sí explica por qué resulta tan difícil desconectarse.
En consulta, hombres y mujeres describen a menudo esta experiencia con frases como: “sé que no me aporta nada, pero no puedo dejar de estar conectado/a”. Este tipo de relato encaja perfectamente con lo que la neuropsicología lleva años describiendo.
Anticipación y conducta repetitiva
La clave no está solo en la recompensa, sino en la anticipación. El cerebro aprende a esperar algo gratificante, aunque muchas veces no llegue. Este patrón mantiene la conducta de revisión constante del móvil, incluso cuando el resultado es neutro o decepcionante.
Redes sociales y construcción de la identidad
La identidad digital como versión seleccionada del yo
Las redes sociales permiten crear una identidad digital, una versión editada de uno mismo o una misma. Desde la psicología del desarrollo y la personalidad, sabemos que la identidad se construye en interacción con el entorno. El problema surge cuando esa interacción está mediada por filtros, métricas y expectativas irreales.
Investigaciones de Manago et al. (2008) mostraron que las personas jóvenes tienden a presentar versiones idealizadas de sí mismas en redes sociales, lo que puede generar una brecha entre el yo real y el yo mostrado. En mujeres y hombres adultos también observo este fenómeno, especialmente en momentos de crisis vital o inseguridad personal.
Consecuencias psicológicas de la discrepancia
Cuando la distancia entre la identidad real y la digital se amplía, aparecen efectos como:
Sensación de vacío.
Autoexigencia elevada.
Miedo a mostrarse vulnerable.
Dependencia de la aprobación externa.
Este patrón es frecuente en pacientes que refieren sentirse “desconectados de sí mismos o de sí mismas”, a pesar de tener una vida social aparentemente activa en redes.
Comparación social y autoestima
Compararse es humano, pero el contexto importa
La comparación social es un proceso psicológico normal, descrito clásicamente por Leon Festinger. Sin embargo, las redes sociales intensifican este mecanismo al exponer de forma constante a las personas a versiones altamente seleccionadas de la vida de los demás.
Estudios más recientes, como los de Vogel et al. (2014), indican que un mayor uso pasivo de redes sociales se asocia con niveles más bajos de autoestima, tanto en mujeres como en hombres.
Impacto clínico en autoestima y autoconcepto
En la práctica terapéutica, observo que muchas mujeres y hombres llegan a consulta con un autoconcepto profundamente erosionado por comparaciones continuas: cuerpos, logros, relaciones, estilos de vida. La narrativa suele ser silenciosa pero constante: “yo no soy suficiente”.
Este impacto no depende solo del tiempo de uso, sino del tipo de interacción y del estado emocional previo de la persona.
Redes sociales y relaciones interpersonales
Cambios en la forma de vincularse
Las redes sociales han modificado la manera en la que mujeres y hombres inician, mantienen y terminan relaciones. La hiperconectividad no siempre implica mayor intimidad emocional.
Autores como Reed y Miller (2019) han señalado que la comunicación digital puede favorecer la ambigüedad relacional, especialmente en vínculos afectivos incipientes. En consulta, esto se traduce en inseguridad, rumiación y dificultad para interpretar señales sociales.
Conflictos de pareja y redes sociales
Es frecuente que aparezcan conflictos relacionados con:
Interacciones con terceras personas.
Comparación con otras parejas.
Límites difusos entre lo público y lo privado.
Desde la experiencia clínica, estos conflictos no suelen ser el problema en sí, sino el detonante que revela dificultades previas de comunicación, apego o autoestima.
Diferencias individuales en el impacto psicológico
No todas las personas reaccionan igual al uso de redes sociales. La psicología de la personalidad aporta variables clave:
Neuroticismo: mayor vulnerabilidad al malestar emocional.
Baja autoestima previa.
Estilos de apego inseguros.
Estudios de Marino et al. (2018) sugieren que el impacto negativo de las redes sociales es mayor en personas con dificultades previas de regulación emocional, algo que confirmo de forma recurrente en consulta con mujeres y hombres adultos.
Redes sociales y comportamiento humano
Influencia en la toma de decisiones
Uno de los efectos más relevantes sobre cómo afectan las redes sociales al comportamiento humano es su influencia directa en la toma de decisiones cotidianas. En mujeres y hombres que atiendo en consulta, observo con frecuencia decisiones impulsivas relacionadas con consumo, relaciones o exposición personal que están mediadas por lo que se observa en redes.
Estudios como el de Meshi et al. (2015) señalan que la exposición repetida a contenidos socialmente reforzados puede alterar los procesos de evaluación de riesgo y beneficio. El cerebro aprende que aquello que recibe más atención parece más valioso, aunque objetivamente no lo sea.
Desde la práctica clínica, esto se traduce en pacientes —mujeres y hombres— que toman decisiones no alineadas con sus valores personales, pero sí con lo que «funciona» en términos de visibilidad o aceptación social.
Redes sociales y conducta social
Normalización de comportamientos
Las redes sociales actúan como potentes agentes de normalización conductual. Aquello que se repite, se comparte y se valida tiende a percibirse como normal, deseable o incluso obligatorio.
Investigaciones de Nesi y Prinstein (2015) muestran que la exposición continua a determinadas conductas en redes puede influir en la probabilidad de reproducirlas, especialmente cuando provienen de figuras percibidas como similares o aspiracionales.
En consulta, tanto mujeres como hombres relatan sentirse presionados a comportarse de cierta manera para no quedar excluidos o invisibilizados.
Impacto psicológico en adolescentes
Vulnerabilidad en etapas de desarrollo
La adolescencia es una etapa especialmente sensible desde el punto de vista psicológico. El uso de redes sociales durante este periodo puede amplificar procesos normales como la búsqueda de identidad y pertenencia.
Estudios de Odgers y Jensen (2020) señalan que el impacto no es uniforme: mientras algunas y algunos adolescentes utilizan las redes como espacio de conexión, otros desarrollan mayor malestar emocional, especialmente cuando existe una autoestima frágil previa.
Redes sociales en la edad adulta
Exigencia, rendimiento y comparación constante
En mujeres y hombres adultos, las redes sociales suelen vincularse a la autoexigencia, el rendimiento profesional y la comparación vital. No se compara solo el cuerpo o la vida social, sino el éxito, la estabilidad emocional y la felicidad aparente.
Investigaciones de Steers, Wickham y Acitelli (2014) relacionan el uso intensivo de redes con mayor sintomatología depresiva, mediada por la comparación social ascendente.
Frustración silenciosa y expectativas vitales
Sensación de ir por detrás en la vida
En consulta, este fenómeno aparece en forma de frustración silenciosa, sensación de ir «por detrás» o de no cumplir con las expectativas vitales internalizadas, lo que genera una vivencia persistente de insuficiencia personal y desgaste emocional que, con el tiempo, puede afectar de manera significativa a la autoestima, a la motivación y a la percepción de eficacia personal. En mujeres y hombres que atiendo en consulta, esta sensación suele expresarse como una comparación constante entre la propia trayectoria vital y una narrativa de éxito, felicidad o estabilidad que se observa de forma repetida en redes sociales, pero que rara vez refleja la complejidad real de la vida humana.
Esta percepción de ir “por detrás” no aparece de forma brusca, sino que se construye progresivamente. La exposición continuada a logros ajenos, cuerpos idealizados, relaciones aparentemente satisfactorias o trayectorias profesionales ascendentes actúa como un recordatorio constante de aquello que la persona siente que no ha alcanzado. Desde la psicología, sabemos que el problema no es la comparación en sí, sino la ausencia de contexto, la idealización del otro y la desvalorización del propio proceso vital.
Diálogo interno y autoexigencia psicológica
En consulta, este fenómeno suele ir acompañado de un diálogo interno altamente crítico. Mujeres y hombres relatan pensamientos persistentes relacionados con la idea de estar fallando, de no haber tomado las decisiones correctas o de no estar viviendo como “deberían”. Esta autoevaluación constante genera un estado de tensión emocional sostenida que impacta directamente en el bienestar psicológico.
No es infrecuente que aparezca una dificultad creciente para reconocer los propios logros, acompañada de una sensación de insatisfacción crónica. Desde la experiencia clínica, este patrón suele estar asociado a una autoestima condicionada, en la que el valor personal depende de estándares externos y cambiantes.
Consecuencias conductuales de la comparación constante
Hiperexigencia y sobreesfuerzo
Desde el punto de vista conductual, una de las respuestas más habituales es la hiperactividad orientada al rendimiento. Mujeres y hombres intentan compensar la sensación de insuficiencia incrementando el esfuerzo, la productividad o la exposición en redes sociales. Sin embargo, este sobreesfuerzo rara vez conduce a una satisfacción real y suele acabar reforzando el agotamiento emocional.
La psicología ha descrito este fenómeno como una búsqueda constante de validación externa que nunca termina de consolidarse, ya que los criterios de éxito percibidos en redes son inalcanzables o se desplazan continuamente.
Inhibición, bloqueo y evitación
En el extremo opuesto, algunas personas desarrollan una respuesta de inhibición conductual. Aparecen la procrastinación, la evitación de retos y una sensación de bloqueo vital. En consulta, tanto mujeres como hombres describen sentirse paralizados, incapaces de avanzar, con una percepción de fracaso anticipado que limita la acción.
Ambos patrones comparten un elemento central: la desconexión progresiva de los propios valores y necesidades reales.
Autoestima condicionada y validación externa
Bases psicológicas del valor personal dependiente
La investigación psicológica ha mostrado que cuando la autoestima se apoya de forma predominante en la aprobación externa, se vuelve especialmente vulnerable a contextos evaluativos intensos. Estudios como los de Crocker y Wolfe (2001) señalaron que las personas cuya autoestima depende del rendimiento, la imagen o la aceptación social presentan mayor inestabilidad emocional.
Las redes sociales intensifican este proceso al convertir la validación en algo visible, cuantificable y comparativo. En la práctica clínica, esto se manifiesta en mujeres y hombres que necesitan comprobar constantemente su impacto social para sentirse valiosos o valiosas.
Impacto en el bienestar emocional
Este tipo de autoestima condicionada suele asociarse a mayor ansiedad anticipatoria, miedo al rechazo y dificultad para tolerar la indiferencia. La ausencia de respuesta en redes puede vivirse como una señal de desvalorización personal, aunque racionalmente se sepa que no lo es.
Etapas vitales y vulnerabilidad psicológica
Momentos de transición personal
El impacto de las redes sociales se intensifica en etapas de cambio: rupturas afectivas, transiciones laborales, maternidad o paternidad, duelos o crisis de sentido. En estos momentos, mujeres y hombres tienden a buscar referencias externas para orientarse, lo que aumenta la exposición comparativa.
Desde la experiencia clínica, muchas personas no identifican inicialmente a las redes sociales como un factor de malestar, pero sí describen una sensación persistente de desajuste vital o de estar viviendo una vida que no les pertenece del todo.
Identidad personal y narrativa social dominante
Pérdida de criterios propios
Cuando las redes sociales imponen modelos homogéneos de éxito, felicidad o realización personal, muchas personas comienzan a evaluar su vida desde criterios externos. Este proceso debilita la identidad personal y dificulta la construcción de un proyecto vital auténtico.
En consulta, observo cómo mujeres y hombres expresan confusión respecto a lo que realmente desean, diferenciándolo de lo que sienten que deberían desear para encajar socialmente.
Recuperar una definición personal de bienestar
Desde la psicología, el trabajo no consiste en eliminar las redes sociales, sino en desmontar narrativas irreales, contextualizar la comparación y fortalecer una identidad menos dependiente de la validación externa. Comprender cómo afectan las redes sociales al comportamiento humano permite abrir un espacio de reflexión crítica y de mayor coherencia personal.
Otros artículos relacionados con las redes sociales y como afectan al comportamiento:
«Cada vez se utilizan menos las aplicaciones de citas«
«Adicción a la tecnología y nomofobia con el móvil«
Bibliografía relacionada con cómo afectan las redes sociales al comportamiento
Turel, O., He, Q., & Bechara, A. (2014). Excess social media use and the brain: Neurobiological mechanisms of reward and addiction. Journal of Behavioral Addictions, 3(4), 198–203.
Kross, E., Verduyn, P., Demiralp, E., Park, J., Lee, D. S., Lin, N., … & Ybarra, O. (2021). Social media and well-being: Pitfalls, progress, and next steps. Trends in Cognitive Sciences, 25(7), 556–569. Puedes leerlo aquí
Verduyn, P., Ybarra, O., Résibois, M., Jonides, J., & Kross, E. (2020). Do social network sites enhance or undermine subjective well-being? A critical review. Social Issues and Policy Review, 14(1), 274–302.

