En muchas ocasiones, las personas más afanadas en dar todo de sí mismas mostrarán una idea con opiniones ambiguas para los demás. Es la polémica creencia de que la vida son las dos caras de una moneda y no la escala de grises que se puede relativizar. Esta es una de las distorsiones cognitivas o errores de pensamiento más característicos y más difíciles de detectar. ¿Por qué cuando lo tengo todo se puede sentir la mayor gloria, y cuando no es así, la nada se apodera? ¿Qué significa la dicotomía?

Pensamiento todo-nada

El pensamiento todo-nada se relaciona con la interpretación de la vida y los acontecimientos en términos absolutistas. ¿Qué quiere decir esto? Observar la vida a través de un cristal en el que se pueden ver los dos lados de la verdad, reduciendo esta a una dicotomía a partes iguales. Es en esta baremación de la vida donde los extremos se suceden, y en la que las emociones se pueden ver afectadas.

¿Qué es la dicotomía?

Su nombre proviene del griego “dichotomía”. Su forma se descompone en el prefijo dis- (dos), el verbo -temnein- (cortar), y el sufijo -Ia (que impone cualidad). Significa la división de algo en partes iguales. El concepto a nivel psicológico está relacionado con la tendencia a juzgar las experiencias a través de extremos.

Emoción y dicotomía

Cuando el pensamiento es sesgado a través de dos valores extremos, las emociones tienden a alborotarse  y danzar de un lado para otro. Esto que quiere decir,  van de una a otra opción en función del sí más absoluto o del no más denigrante, lo que supone un desequilibrio desmedido en la resolución de conflictos.

¿Cuáles son los principales riesgos del pensamiento todo-nada?

Como su propia definición afirma, la dicotomía es la división en dos. En psicología, esta baremación limita el desarrollo de respuestas alternativas, e impide la búsqueda de opciones que ayuden a salir de una situación difícil. Ahí es donde se desarrolla la valoración de la actuación en función de si lo he hecho “bien” o “mal”. Lo que despierta el sesgo desmedido en una balanza en la que solo se despiertan los extremos de un acontecimiento.

Cuando aparece el sesgo, en cierta medida influenciado por la anulación mental de opciones alternativas, las emociones saltan de un estado de exaltación a uno de penumbra. Esto produce la visión túnel, limitando la capacidad de ver más allá. Es por ello por lo una persona cuando está bajo los efectos devastadores de la dicotomía catastrófica le resulta tan difícil ver la luz.

La dicotomía está en relación directa con otras distorsiones cognitivas. Un buen ejemplo de ellas es la «adivinación de pensamiento», sobre la cual hemos hablado en el artículo de la semana pasada; ambas errores de procesamiento que se encadenan al centrar la mente tanto en las ideas del otro como en la valoración a posteriori que se hace de ellas. Y, ¿Desde dónde una persona dicotómica tiende a valorar su forma de actuar? En función de si lo que está haciendo está bien o mal, es adecuado o no es adecuado, lo que potencia las sensaciones de malestar.

En definitiva, reducir la mente a dos vertientes es la antítesis de la búsqueda de la simplicidad y la gestión emocional, componente esencial del ser humano para desarrollar la  serenidad.  Además, el pensamiento todo-nada es una de una de las formas más eficaces de mantenerse colgado de una balanza que nunca se compensa, provocando un desequilibrio tanto emocional, como físico.

“Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo, cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.”

Friedrich Nietzsche (1844-1900)

 

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