Espero que sucedan cosas pero,  ¿Qué deseo frente a la espera?, ¿Por qué el deseo puede destruir la creencia interna de esperar? La espera y la paciencia pueden constituir virtudes ante la incertidumbre, pero, ¿Cómo sé cuándo necesito esperar? ¿De qué depende la espera? En este artículo se trabajará una de las creencias más importante sobre la esperanza como último recurso de la vida, cuyo origen puede remontarse a la época de los griegos y a una de las historias mitólógicas que la representan: La caja de Pandora.

La esperanza da vida y la quita. Se convierte en el eslabón perdido para aquellas personas que sueñan con esperar. Se simbiotiza con el estado emocional y con la nostalgia frente a lo auténticamente observable. Esperar puede convertirse en un letargo ansiado con escasos resultados, en el que el color del tiempo tiña de negro el velo que cubre la visión del motivo real. “la esperanza es lo último que se pierde” señalan algunos textos más allá de tiempo. Érase una vez  el mito de la “caja de pandora”, griego clásico por antonomasia, donde refranes y frases han recorrido los años a través de la transmisión histórica de una leyenda que cobra vida ante su desconocimiento.

La caja de pandora

Hubo una época en la que los mortales e inmortales convivían en un mismo lugar. Durante las comidas, los dioses tenían el privilegio de escoger el primer bocado, relegando el resto a los otros, los mortales. Prometeo, el titán, se cansó del ansia de poder de los dioses y decidió revestir de  las mejores cualidades los alimentos de peor calidad consiguiendo engañar sus percepciones, provocando que estos escogieran erróneamente ese primer falso manjar. Los dioses, como portadores del conocimiento, acabarían descubriendo tal engaño y así castigarían a los mortales provocando su destierro.

El titán, Prometeo, ansiando siempre el bien para los mortales, a expensas de los resultados, se apoderó del poder del fuego de los dioses para regalárselo a los humanos y así equiparar la balanza. El dios principal del Olimpo, Zeus, cabreado por el robo, envió un castigo a los hombres, Pandora. Pandora era una mujer creada de las habilidosas manos de Hefesto, Hermes, Afrodita y Atenea con sus mejores atributos. Fue enviada a casa del titán, donde su hermano Epitemeo, quien a pesar de los avisos del propio Prometeo, se enamoró rápidamente hasta casarse con ella. Era una mujer curiosa con lo que no tardó en revisar cada una de las pertenencias mejor guardadas en la casa, hasta que dio con una caja que abrió sin dudar. En ella se encontraban todos los males que podrían perjudicar a los humanos, liberándolos a su merced por la tierra, sembrando cada lugar con su esencia. Pandora, dándose cuenta de su error, cerró la caja lo más rápido que pudo, consiguiendo únicamente evitar la liberación de la esperanza, que quedó encerrada en la caja. La mujer comentó lo sucedido a su marido y a Prometeo, señalándoles que a partir de ese momento a lo único que siempre podrían recurrir era a la esperanza, pues era lo único que quedaba en la caja y lo último a lo que estaban destinados los mortales a perder.

La esperanza: Un mal preciado.

¿Qué es lo que queda cuando todo lo demás se pierde? Cuando los intentos incesantes por conseguir un cambio cesan en su devenir y en los imperecederos resultados. La esperanza limita a la razón y puede hacer que los miedos se martiricen y retuerzan hasta la liberación de esa responsabilidad. La esperanza representa cambio desde los intentos fallidos por cambiar, desde las noches en vela por visualizar resultados. Su propio concepto delimita la realidad de su esencia más  pura: el delegar para el futuro.

¿Cuál es entonces la clave de la esperanza?

caja de pandora, prometeo

Esperar ayuda a desesperar. La esperanza es una fe absolutista en un cambio a través de su factor esencial: “El tiempo”. El tiempo proyecta fe en un acontecimiento marcado por un suceso extraordinario que se puede llegar a dar sin saber cuándo. Si la esperanza es el último ancla o salvavidas, el tiempo es crucial en su determinación. Resolver el tiempo ayuda a encajar las piezas y a volver a recuperar el timón del barco para que pueda esquivar ese iceberg que sabe que llegará y al que si se acerca demasiado le puede hundir.

Solucionar el tiempo ayuda a reequilibrar la balanza de la espera, hasta el punto en el que sin desear nada sorteo el mal que me antecede. No con el fin de eliminarlo, cabrearme o culpar/culparme, sino con el fin de dejar pasar y aceptar, o esquivar y seguir viviendo la vida, o de ponerme manos a la obra si es necesario, sabiendo que la espera eterna desespera hasta a la persona más osada de entre los seres humanos.

“Lo esperado no sucede, es lo inesperado lo que acontece”

Eurípides de Salamina (480 AC-406 A.C)

 

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