Los pensamientos corren a través de nosotros constantemente. Actúan al unísono como el tráfico de una ciudad. Hay veces que este deja de funcionar y es dónde aparecen los avisos, pitidos, y otras molestias que nos pueden colapsar psicológicamente, generando angustia y ansiedad. Simplemente por que aparezcan en la mente no significa que sean reales, o que manifiesten una verdad objetiva. La mente juega malas pasadas y es capaz de crear hilos de pensamiento que nos llevan a lugares sujetos por la imaginación subjetiva. Por esta razón, si una persona quiere que su vida fluya, y el tráfico de pensamientos llegue a un destino reflexivo, es esencial no creer todo lo que pasa por nuestra cabeza.

Hilos de pensamiento  

Es inevitable que las personas tengan pensamientos recorriendo sus neuronas. Con frecuencia los dirigimos y les vamos dando un valor real a través de los sentidos, adaptándolos a nuestra lingüística. Atraviesan nuestras mentes propulsados a través de algún patrón previo generado en la experiencia vital (tendencias aprendidas). Además pueden ser positivos, negativos y neutros. Son especialmente incómodos cuando acaban en los ataques personales, generando resentimientos y dolor emocional. 

Pensamiento – emociones.

tráfico de pensamientos 

“Que los pensamientos se perciban como verdaderos no significa que sean reales.”

La realidad subjetiva está lejos de concebir un pensamiento definido a través de una actitud sana. Siempre que le quitemos valor a la emoción que genera el pensamiento, este se vuelve más rígido y más difícil de procesar de forma flexible, lo que al final puede llevar al sufrimiento.

Ejemplo: “Cuando camino por la calle me da la sensación de que no soy una persona segura de sí misma; sino estoy seguro de mi mismo significa que no soy lo suficientemente bueno para poder conseguir un buen trabajo, lo que me puede llevar a perder a mi pareja. “En definitiva, valgo menos de lo que pensaba”. 

Como se puede observar en el ejemplo, un hilo de pensamiento puede ser determinado y contrastado por un aspecto puntual que nos está sucediendo en ese mismo instante: un recuerdo, una situación o una emoción.

La infravaloración personal tiende a que en el caso de que se repitan esos hilos de pensamiento nos denigremos con más frecuencia. Y no solo eso, sino que podemos perder la visión objetiva de otras realidades (las de fuera, las de otros) en las que soy un “ser capaz”.

Los hilos de pensamiento si están influenciados por una emoción negativa pueden retroalimentar las reflexiones más duras acerca de nosotros mismos. ¿Hacia dónde llevo mis hilos de pensamiento teniendo en cuenta cómo me siento? 

“Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento”. Miguel de Unamuno (1864-1936)

 

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