La vida está llena de imprevistos, desde no haber terminado alguna actividad laboral al incumplimiento de trabajos por falta de tiempo, etc. La sensación de incapacidad a la hora de resolver asuntos puede llegar a someter a alguien a una constante incertidumbre, donde la serenidad y la tranquilidad tienen un importante papel en la búsqueda de la calma interna.

Ante tal cúmulo de cosas por hacer y de tareas difícilmente realizables, actúa como actitud conciliadora de la persona y de la situación.

¿Qué es la serenidad y qué tiene de especial?

A lo largo del día, en nuestras relaciones, podemos observar distintos tipos de personas que afrontan las circunstancias que se presentan de maneras muy diversas. Está aquella que nos sorprende, porque aunque tenga muchas situaciones personales y laborales sin resolver, vive con paz interior, y por otro lado hay otro tipo que aunque apenas tengan dificultades su percepción es caótica y sienten agobio constante ante cada pequeño detalle o tarea sin cumplir. Llama la atención la gran diversidad de personas en este campo, lo que al final lleva a concluir que la parte psicológica y el trabajo personal de cada cual es esencial para alcanzar un estado de bienestar mantenido con el fin de arañar esa tranquilidad interna, a pesar de las circunstancias.

La serenidad se define como el estado interior de paz ante situaciones impredecibles, sin dejarse arrastrar por las sensaciones negativas asociadas. Una persona serena es capaz de conservar la calma ante el riesgo, para así tratar de buscar la mejor alternativa posible que le ayude a escapar o reducir los riesgos.

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Las consecuencias externas muchas veces no se pueden manejar. Vivir en un mundo de incertidumbre hacía el futuro y ”el qué pasará” es una parte esencial del ser humano. La ansiedad es la gran perturbadora de ese estado de inquietud constante, y los miedos sus herramientas de castigo inquebrantable. La serenidad acepta esa incertidumbre, una incertidumbre que no se puede controlar sino manejar y adaptarse a su esencia. Pensar que puedo tener todo atado en la vida es romper con la realidad de las circunstancias, es tratar de manejar un mundo en el que viven billones de personas a través de mí. ¿Realmente soy capaz de controlarlo todo? ¿Estoy viviendo una vida para mí o para cumplir constantemente con todo lo que me rodea?

Tranquilidad, fuente de calma.

Ser humano  implica ganar conciencia y calma ante las circunstancias de la vida. No tratar de resolver y controlar todo en un momento preciso. La calma y la tranquilidad conlleva el trabajo constante desde las opciones realistas, opciones adaptadas a la aceptación de que puedo intentar cambiar algo, pero no siempre va a depender de mí el conseguirlo. En ese camino hacia la serenidad, el ganar conciencia es un factor fundamental, es lo que va a proporcionar una detección, un atisbo de realidad con el fin de romper el automatismo generado por los esquemas mentales arraigados en el pasado. Detectar implica lucidez, y la lucidez demanda de la calma para poder ver y actuar al respecto.

En definitiva, la serenidad es un proceso de autoconocimiento y autocontrol, porque no existe vida perfecta,  aún así puedo encontrar mi propia calma interior que me ayude a afrontar las circunstancias y no atragantarme a cada pequeño paso.

“Vísteme de hermosura el pensamiento, serenidad, perennemente unida al árbol de mi vida a contra viento”

BLAS DE OTERO (1916-1979)